sábado, 12 de agosto de 2017

¿Dónde está vuestra fe?

Una pregunta que brotó de los labios del Señor Jesús es un toque de atención que nos llama a reflexionar y luego a definirnos.
El Señor estaba cruzando el lago de Genezareth cuando una tormenta amenazó con hacer naufragar la barca en que viajaban. Ante el temor de sus discípulos, Jesús reprendió al viento y a las olas, que milagrosamente obedecieron a su voz y cesaron en su furor. Entonces, dirigiéndose a aquellos hombres temerosos les dijo: ¿Dónde está vuestra fe?
Muchas veces nos toca atravesar en la frágil barca de nuestra existencia, un mar agitado de tempestades exteriores e interiores. Éstas últimas son tal vez las que más nos abaten, nos postran y deprimen. Llámense tentaciones, algún estado de confusión o una conciencia que nos atribula.
¿Dónde o a quién recurrir? Sentimos que a menos que ocurra un milagro, nuestra vida naufragará. Es entonces cuando la fe puede devolvernos la calma y podemos arribar a la otra orilla con seguridad.
Muchas personas piensan que no tienen fe y otras que la han perdido.
El error más común es pensar que todo depende del tamaño de la fe, pero nos hemos olvidado de lo principal: la verdadera dimensión de Dios.
El secreto consiste en que una fe tan diminuta como un grano de mostaza debe apoyarse en un Dios grande y eterno.
¿Dónde está tu fe, amiga? ¿Te lo peguntaste? ¿Es en una religión, en tus opiniones personales, en opiniones ajenas? Apoya tu fe en Dios y su Palabra. Sólo quien descansa en el amor de Dios, que envió a su Hijo por ti y por mí, hallará la paz y seguridad.

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