viernes, 10 de abril de 2015

La bendición del agua

Sabemos que la lluvia fertiliza los campos, refresca el ambiente, llena los ríos y los arroyos, limpia el aire y las calles de las ciudades y nos da energía y alegría de vivir. Sin duda es una bendición de Dios y cuando falta, la tierra se convierte en desierto, donde casi es imposible la vida.
Cuando en la antigüedad Dios quería castigar a su pueblo por sus desobediencias, les enviaba una época de sequía hasta que clamaban a Él y les enviaba la benéfica lluvia que hacía la vida más agradable.
La composición de nuestro organismo y el de todos los seres vivos tiene un gran porcentaje de agua y existiría la visa sin su presencia. Se ha comprobado que nuestro organismo resiste aproximadamente un mes sin comer, pero solamente unos pocos días sin beber agua, ¡así de importante es el agua para el ser humano!
También las bendiciones de Dios se pueden comparar a la lluvia, en primer lugar está el perdón y la reconciliación que obtenemos por medio de Jesucristo y su obra redentora. Dios nos perdona de todas nuestras transgresiones lo que Él llama pecado, cuando nos arrepentimos y pedimos perdón, aceptando el sacrificio de nuestro salvador a nuestro favor. Dice la Biblia: Él Justo murió por los injustos para llevarnos a Dios.
Una vez restaurada nuestra comunicación con Dios, tenemos la bendición del diálogo con nuestro Padre, ya que hemos sido adoptadas como hijas, podemos estar en su santa presencia y pedirle todo cuanto necesitamos y deseamos, y cuando partamos de este mundo a la eternidad, sabemos que estaremos para siempre con Él.
El Señor Jesucristo dijo: En la casa de mi Padre muchas moradas hay, voy pues a preparar lugar para vosotros...y vendré otra vez para que donde Yo estoy, vosotros también estéis.

Carmen Mirad. 

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