sábado, 28 de febrero de 2015

Los años de tu vida

Hola amiga. Que bueno es que podamos compartir estos próximos minutos.
¿Cuantos son los años de tu vida ? Esta pregunta se la hizo Faraón, rey de Egipto, al patriarca Jacob cuando su hijo José se lo presento. La respuesta fue: los años de mi peregrinación son 130 años, pocos y malos han sido los años de mi vida... Una conclusión triste y melancólica, ¿verdad ? 
A nosotras, sobre todo cuando ya hemos cumplido algunos años, no nos gusta que nos pregunten la edad, pero de todas formas tenemos los años que hemos vivido y aunque no podamos decir como Jacob que fueron pocos y malos, por regla general cuando cruzamos la barrera de la ancianidad, sentimos el peso de la edad y los "achaques" que la acompañan.  Como dijo el salmista: Los días de nuestra edad son 70 años, y así en los mas robustos son 80 años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos...                                                                          
Así es amiga, tenemos que enfrentar la realidad: nuestra vida en esta tierra es pasajera; tanto si somos jóvenes y fuertes, como si hemos llegado a la ancianidad, deberíamos hacernos una pregunta: ¿ a donde volara mi alma? Sabemos que todos los seres humanos tenemos un alma que tiene mucho valor para Dios. El Señor Jesucristo hizo esta pregunta a sus contemporáneos: ¿Qué aprovechará al hombre si ganara todo el mundo y pierde su alma?, o sea, que vale mas nuestra alma que todo el mundo, ¿sera porque es eterna, mientras este mundo tendrá fin?   Dios dio lo mejor que tenia para salvarlo, pero no nos lo impone, nos lo ofrece por gracia, sin que tengamos que pagar nada. Dice la Biblia: Porque por gracia somos salvos por la fe y esto no de vosotros, pues es un don de Dios.   Amiga, toma hoy una decisión, no hay otro camino.  

Carmen Mirad.          

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viernes, 27 de febrero de 2015

Consejos para el Matrimonio

Muchos empezamos nuestro matrimonio creyendo que lo sabemos todo y que será como un cuento de hadas en donde todo sucede por arte de magia, pero no es así.

Al irse sumando los años de matrimonio empezamos a acomodarnos y dejamos de hacer cosas que son muy importantes y esto empieza a afectar enormemente la relación con tu pareja. Damos muchas cosas por sentado y nuestras prioridades empiezan a cambiar peligrosamente. La relación con nuestros hijos, familia, trabajo, ministerio, etc. nos pueden distraer y podemos desenfocarnos en lo que respecta a la relación con nuestro cónyuge.

Mencionaré algunos principios básicos que nunca debemos olvidar ni restarle tiempo o importancia, pues forman parte de los pilares que ayudan a sustentar y fortalecer la relación de una pareja durante su vida matrimonial:

1. El Respeto: Si no puedes aceptar a tu cónyuge tal y como él es, no podrás jamás respetarlo. La clave de lograr respetarlo está en que lo aceptes y lo ames tal y como él es. Si además de la aceptación das un paso más allá y pones tu mirada en sus virtudes más que en sus debilidades, entonces despertará en ti la admiración hacia él, acrecentando así, el respeto que le tienes.

2. Comunicación: Aprende y esmérate en tener una buena comunicación con tu pareja. Muchas veces tú dices algo con una intención y se interpreta de otra forma y esto sucede a veces por no buscar las palabras correctas para transmitir tu mensaje. O hay ocasiones en que tú recibes el mensaje equivocado y tu pareja no supo darse a entender. Es importante que comprendamos que cada quien tiene un estilo diferente de comunicación por lo que procurar aprender el lenguaje de nuestro cónyuge para funcionar y comunicarnos de la mejor manera posible, ayudará a que la relación florezca cada día más.

Recuerda que la comunicación que mantengas con El Señor y con tu pareja, son clave para un buen matrimonio.

3. El Perdón: Este es uno de los más importantes pues es algo que debemos de practicar genuinamente y continuamente hacia nuestra pareja. El perdón te da libertad para seguir amando a tu cónyuge y funcionar en todas las áreas de tu vida. Recuerda que perdonar es una decisión y aunque no sea fácil, conforme va pasando el tiempo se convierte en un hábito y en un estilo de vida. Recuerda lo que Jesús nos dice en Mateo 6:14: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonara también a vosotros nuestro Padre celestial.”

4. Tu intimidad: Cuando inicias tu matrimonio es toda una aventura y conforme el tiempo pasa, vienen los niños y con ellos más responsabilidades. Procura no descuidar la atención a tu esposo ni robarle el tiempo que le corresponde a él. Cuida tu apariencia personal, tu estado emocional y administra tu tiempo para que puedan disfrutar plenamente de sus momentos de intimidad. “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.” (1 Corintios 7:5)

5. Sacerdocio y Sujeción: Es sumamente importante que tanto la esposa como el esposo conozcan cuál es el papel y el orden que Dios ha establecido para cada uno dentro del matrimonio. El entregarte por completo a tu esposo sin condiciones o temores te hace que puedas conducirte en tu vida libremente. Como dice la Palabra en Efesios 5:21 y 22 Someteos unos a otros en el temor de Dios, dice también que las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor y que los maridos amen a sus mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella.

El verdadero gozo en el matrimonio proviene de dar, no de recibir, pues el modelo que Dios nos da del mismo, es sobre la relación de Jesús y su Iglesia, en la que el dar y la entrega mutua es lo que la caracteriza.

Cada uno de estos principios son una expresión de amor y ayudan a que el mismo crezca, madure y se fortalezca, por lo que es fundamental que te esfuerces en cultivarlos o mejorarlos en tu matrimonio para que puedas ver la perfecta voluntad de Dios en tu vida y puedas disfrutar plenamente de tu relación matrimonial.

Fuente: De Amiga A Amiga