domingo, 10 de agosto de 2014

DEJANDO HUELLAS

Hablar en pleno siglo XXI de huellas no es algo demasiado trascendente. Seguir huellas, simplemente no tiene nada que ver con la vida ciudadana de autopistas, asfalto, veredas empedradas.

Sin embargo, si pudiéramos visitar algunas tribus que viven en la selva o a los nómades del desierto, nos dirían que seguir las huellas es vital para sus  vidas. Ellas les enseñan mucho, saber qué animales hay cerca, indicarles los lugares de agua, tan necesarios, qué peligros les acechan.

Sin embargo, todos nosotros, a pesar de vivir en el siglo de la tecnología, las comunicaciones, la era espacial, dejamos huellas en la mente y en el corazón de otras personas. No importa lo que hagamos, sea bueno o malo, siempre dejamos huellas en los demás.

Tus decisiones y las mías afectan de un modo u otro. Entonces tendríamos que preguntarnos qué camino estamos siguiendo, qué huellas estamos dejando.

En la Biblia, en la primera epístola del apóstol Pedro capítulo 2, versículo 21 dice: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”.
Jesús nos dejó profundas huellas de fe, bondad, santidad, sacrificio. Y las dejó para que las sigamos, para que andemos como él anduvo.

Querida amiga, es posible que no tengas a tu alrededor personas que han dejado buenas huellas para seguir en tu vida. Si es así te invito a que vuelvas tus ojos a Jesús. El marcó el camino a seguir, porque él es el camino, la verdad y la vida, y solo confiando en él, tendrás vida eterna, si aceptas que eres una pecadora, y que su poder es suficiente para transformar tu vida.

Y si eres creyente, si has nacido de nuevo por la fe en Jesús, no solo es necesario que sigas sus pisadas, sino que, además, debes ser consciente del peso de tus decisiones. Tus huellas son para vida y bendición de los que te siguen, o son para confusión y fracaso de aquellos que ponen sus pies en las marcas que dejaron los tuyos. 

Deseo que Dios te bendiga para que puedas decir como Job, en la Biblia (capítulo 23.11): “Mis pies han seguido tus pisadas; guardé su camino y no me aparté”.

Hasta la próxima. Tu amiga


Ligia

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